Dos eslabones, dos motores. Tú le dices dónde quieres la punta; él tiene que averiguar qué ángulo pone cada motor. Arrastra el ratón por el dibujo y el brazo te sigue. Luego llévalo al borde y mira lo que le pasa.
Qué mirar: mueve el ratón por el dibujo y la punta te persigue. Pulsa Codo arriba y verás el brazo saltar a otra postura sin mover la punta: el mismo destino, dos formas de llegar. Y ahora pulsa Ir al borde del alcance: la punta apenas se mueve, pero la gráfica de abajo se dispara. Eso es una singularidad, y es la razón de que los brazos reales no trabajen nunca con el codo estirado del todo.