Un robot con dos sensores mirando al suelo y una raya negra que seguir. Es el mismo lazo de control del depósito de agua, pero conduciendo: mide cuánto se ha desviado y gira para corregir. Y como en el depósito, corregir demasiado es peor que corregir poco.
Qué probar: sube la velocidad al máximo con el ajuste de fábrica y mira cómo empieza a zigzaguear en las curvas. La ecuación es exactamente la misma que la del depósito de agua, y el problema también: un controlador que va bien a una velocidad va mal a otra. Por eso los robots de competición cambian sus números según el tramo.