Una pértiga articulada sobre un carro. Quiere caerse: es lo único que sabe hacer. Se mantiene de pie porque alguien mide su ángulo y mueve el carro cincuenta veces por segundo. Deja de corregir un momento y se acabó.
Nadie le ha explicado qué es un péndulo. Empieza con cuatro números al azar, prueba
variaciones, y se queda con las que aguantan más. Cae cientos de veces y de ahí saca
el control. Mira las ganancias que encuentra y compáralas con las de arriba,
que son las que ajustaste tú a mano: no se parecen en nada, y las dos funcionan.
No es casualidad. Al ajustar este péndulo se probaron 144 combinaciones y
109 estabilizaban. No hay una respuesta correcta: hay una región entera de
respuestas, y el humano y la máquina caen en puntos distintos de ella.
Qué probar: pulsa Empujar y verás cómo se recupera. Ahora pulsa Empujar e inmediatamente Apagar el control: se cae. Con la pértiga quieta, ese mismo apagón de 0,3 s no le hace nada. El mismo fallo es inofensivo o mortal según cuándo ocurra — y eso no se ve mirando la duración del fallo, solo mirando en qué estado estaba el sistema.